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Tu cartera está más roja que un tomate en verano y los titulares gritan que la inteligencia artificial lo va a destruir todo. ¿Te suena? Perfecto. Porque mientras el noventa y nueve por ciento del mercado corre en círculos presa del pánico, nosotros vamos a analizar con calma por qué esta histeria colectiva nos está poniendo en bandeja una de las mejores oportunidades de compra en años. Hoy no hablamos de predicciones, hablamos de matemáticas. Vamos al lío.
El relato que te están vendiendo es que la inteligencia artificial generativa va a hacer que todo el software tradicional quede obsoleto. Que nadie volverá a pagar por una licencia porque una IA lo hará todo gratis. Esto es como pensar que la invención de la calculadora iba a dejar sin trabajo a todos los matemáticos. Spoiler: los matemáticos se pusieron a resolver problemas más complejos. El mercado, en su infinita sabiduría de corto plazo, ha decidido vender primero y preguntar después, creando un descuento en empresas de altísima calidad que no veíamos en una década.
Vamos al primer ejemplo, el elefante en la habitación. Microsoft. Ha caído un doce por ciento desde sus máximos. El pánico. Los susurros de que su inversión masiva en OpenAI canibalizará sus propios productos. Ahora, miremos la realidad, no la telenovela. Dato Puro: Microsoft cotiza a un PER de veintiséis. Un múltiplo que no se veía desde los mínimos de dos mil veintidós. Dato Puro: su negocio en la nube, Azure, crece a un veintiocho por ciento, robándole cuota de mercado a sus competidores directos. Dato Puro: el segmento de productividad, el viejo y aburrido Office, tiene unos márgenes operativos del sesenta y dos por ciento. Repito, sesenta y dos. El mercado la castiga por invertir treinta y tres mil millones de dólares en el futuro. Es el equivalente financiero a enfadarse con un atleta olímpico porque pasa demasiado tiempo en el gimnasio. La lógica a veces se toma vacaciones en Wall Street.
Pero la irracionalidad no termina aquí. Hay un sector entero que han decidido que ya no sirve, y dentro de él, hay una fortaleza digital a precio de derribo. Hablaremos de ella en un momento, porque es el ejemplo perfecto de cómo el miedo extremo crea oportunidades que pueden definir una cartera.
Ahora sí, hablemos de esa fortaleza. Se llama Fortinet. Ciberseguridad. Un sector que, extrañamente, el mercado considera aburrido. La acción ha sufrido una corrección del treinta y cuatro por ciento. Una paliza en toda regla. ¿La razón? Un par de trimestres donde el crecimiento se moderó. El mercado lo interpretó como el fin de una era. Ahora, los datos. Dato Puro: Fortinet tiene una cuota de mercado superior al cincuenta por ciento en cortafuegos físicos. Dato Puro: opera con un margen del treinta por ciento, una barbaridad para el sector. Dato Puro: los fundadores todavía controlan el quince por ciento de la empresa y usan la caja para recomprar acciones de forma masiva, a un ritmo del dos por ciento anual. Fortinet vende los candados y las alarmas en un barrio digital cada vez más peligroso. Y el mercado la ha confundido con una reliquia de museo. A veces, la miopía de los analistas es el mejor aliado del inversor paciente.
Entonces, ¿qué hacemos con todo esto? ¿Salimos a comprar Microsoft y Fortinet como si no hubiera un mañana? No. Lo que hacemos es entender el patrón. La riqueza generacional no se construye persiguiendo cohetes que ya han despegado. Se construye identificando negocios excepcionales que atraviesan un bache de percepción. El mercado es una máquina de pendular entre la euforia y la depresión. Nuestro trabajo es aprovechar la depresión. Es comprar cuando los titulares son feos y la gente en los foros ha perdido la fe. La volatilidad no es riesgo, es la materia prima con la que se forjan los grandes retornos. El riesgo es no tener un plan y vender en pánico junto a la manada. El crecimiento de doble dígito de Microsoft no va a desaparecer por un titular. La necesidad de ciberseguridad no va a evaporarse porque un trimestre sea más flojo.
El plan es simple, pero no es fácil. Requiere disciplina. Consiste en comprar estos campeones caídos, no de golpe, sino promediando. Aprovechar la debilidad. Y luego, tener la paciencia de sentarse a esperar. Porque mientras el resto del mundo sigue obsesionado con el próximo movimiento de la bolsa, nosotros estaremos acumulando participaciones en los negocios que construirán el futuro, a precios del pasado.
Así que mi única recomendación no financiera es que apagues las noticias por un rato. Que te centres en los números, en los balances, en los márgenes. Ahí es donde está la verdad, no en la opinión del último gurú de turno. La oportunidad está servida, pero no esperará eternamente.
Ahora te toca a ti. ¿Qué otra joya infravalorada por el pánico tienes en tu radar? Déjamelo en los comentarios, que el debate entre inversores inteligentes siempre nos enriquece a todos. Nos vemos en el próximo vídeo.